Disrupción y acción, liderazgo hoy para un mejor mañana

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Disrupción y acción, liderazgo hoy para un mejor mañana

"La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen".

"La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen".

"La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen".

"La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen".

"La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen".

Por Gonzalo Larraguibel

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Por Gonzalo Larraguibel

Por Gonzalo Larraguibel

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Columna de opinión publicada originalmente en Pulso
27 de abril de 2021

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27 de abril de 2021

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27 de abril de 2021

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27 de abril de 2021

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Gonzalo Larraguibel
Socio Fundador, Virtus Partners

Gonzalo Larraguibel
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Ingeniero Industrial - Universidad de Chile
MBA - IESE Businees School, España
Más de 30 años de experiencia en consultoría estratégica y de alta dirección

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Según Yuval Harari, el Covid-19 podría ser mucho más transformador que pandemias anteriores, teniendo un impacto cultural y político mayor. Señala que los científicos fueron capaces de identificar el virus y desarrollar vacunas rápidamente, y que su salida de control ha sido más bien por una falla política. “La pandemia ha sido una prueba para los sistemas políticos en la que demasiadas naciones han reprobado”, critica.
 
Esta aceleró la disrupción global en lo tecnológico, social, ambiental, económico y político, llevando la revolución 4.0 a un nuevo nivel y añadiendo urgencia a una serie de temas aún no resueltos, como la creciente brecha económica y social, donde la riqueza total crece, pero su distribución va mayoritariamente a un grupo afluente sin mejorar e incluso empeorando la situación de la mayoría. En EEUU, por ejemplo, el GDP per cápita creció 250% entre 1960 y 2019 mientras el ingreso medio familiar sólo lo hizo un 150%, es decir, la familia media no recibió todo el beneficio y su movilidad fue hacia abajo, mientras que la situación de la clase media alta mejoró significativamente. Este crecimiento con inequidad a nivel global se visualiza como algo moral y políticamente insostenible, poniendo presión al sistema político y empresarial para proponer y generar cambios estructurales que se hagan cargo de generar un crecimiento con mayor equidad.
 
En Chile sumamos además temas complejos propios, incluyendo la irrupción tecnológica en el mercado del trabajo, la educación y salud de calidad, las pensiones y el salario mínimo digno, así como el rol y la efectividad del estado, todos temas adaptativos urgentes de abordar para construir un futuro más próspero y justo. Junto a otras necesidades, requieren que como sociedad, y en particular como empresas, seamos creativos para generar propuestas e implementar soluciones de manera oportuna con el bien común al centro. De lo contrario, seguirá creciendo este caldo de cultivo para el populismo, los liderazgos mesiánicos y la erosión de la democracia, como hemos visto en el país en el último tiempo.
 
En esta nueva era del conocimiento, complejidad, incertidumbre y volatilidad, los liderazgos jerárquicos tradicionales, cartesianos y de certezas, parecen cada vez menos efectivos. Líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil son puestos a prueba por este cambio acelerado, que requiere colaboración, horizontalidad, empatía y generosidad, así como también la capacidad de reflexionar de manera profunda, con mirada crítica y generosa, desafiando paradigmas y buscando colaborar de manera creativa.
 
La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen. En este contexto y aprovechando este momento histórico, ¿cómo nos unimos Estado, empresarios y sociedad civil para dialogar y construir en base a un propósito común un Chile mejor para todos? ¿Cuál es ese Chile que nos une? ¿Cómo asegurar el éxito del proceso constituyente, un paso que no podemos dejar escapar? ¿Cuál es el rol y aporte de la empresa y los gremios en este contexto? ¿Cuál es tu aporte como líder ahora?

Según Yuval Harari, el Covid-19 podría ser mucho más transformador que pandemias anteriores, teniendo un impacto cultural y político mayor. Señala que los científicos fueron capaces de identificar el virus y desarrollar vacunas rápidamente, y que su salida de control ha sido más bien por una falla política. “La pandemia ha sido una prueba para los sistemas políticos en la que demasiadas naciones han reprobado”, critica.
 
Esta aceleró la disrupción global en lo tecnológico, social, ambiental, económico y político, llevando la revolución 4.0 a un nuevo nivel y añadiendo urgencia a una serie de temas aún no resueltos, como la creciente brecha económica y social, donde la riqueza total crece, pero su distribución va mayoritariamente a un grupo afluente sin mejorar e incluso empeorando la situación de la mayoría. En EEUU, por ejemplo, el GDP per cápita creció 250% entre 1960 y 2019 mientras el ingreso medio familiar sólo lo hizo un 150%, es decir, la familia media no recibió todo el beneficio y su movilidad fue hacia abajo, mientras que la situación de la clase media alta mejoró significativamente. Este crecimiento con inequidad a nivel global se visualiza como algo moral y políticamente insostenible, poniendo presión al sistema político y empresarial para proponer y generar cambios estructurales que se hagan cargo de generar un crecimiento con mayor equidad.
 
En Chile sumamos además temas complejos propios, incluyendo la irrupción tecnológica en el mercado del trabajo, la educación y salud de calidad, las pensiones y el salario mínimo digno, así como el rol y la efectividad del estado, todos temas adaptativos urgentes de abordar para construir un futuro más próspero y justo. Junto a otras necesidades, requieren que como sociedad, y en particular como empresas, seamos creativos para generar propuestas e implementar soluciones de manera oportuna con el bien común al centro. De lo contrario, seguirá creciendo este caldo de cultivo para el populismo, los liderazgos mesiánicos y la erosión de la democracia, como hemos visto en el país en el último tiempo.
 
En esta nueva era del conocimiento, complejidad, incertidumbre y volatilidad, los liderazgos jerárquicos tradicionales, cartesianos y de certezas, parecen cada vez menos efectivos. Líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil son puestos a prueba por este cambio acelerado, que requiere colaboración, horizontalidad, empatía y generosidad, así como también la capacidad de reflexionar de manera profunda, con mirada crítica y generosa, desafiando paradigmas y buscando colaborar de manera creativa.
 
La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen. En este contexto y aprovechando este momento histórico, ¿cómo nos unimos Estado, empresarios y sociedad civil para dialogar y construir en base a un propósito común un Chile mejor para todos? ¿Cuál es ese Chile que nos une? ¿Cómo asegurar el éxito del proceso constituyente, un paso que no podemos dejar escapar? ¿Cuál es el rol y aporte de la empresa y los gremios en este contexto? ¿Cuál es tu aporte como líder ahora?

Según Yuval Harari, el Covid-19 podría ser mucho más transformador que pandemias anteriores, teniendo un impacto cultural y político mayor. Señala que los científicos fueron capaces de identificar el virus y desarrollar vacunas rápidamente, y que su salida de control ha sido más bien por una falla política. “La pandemia ha sido una prueba para los sistemas políticos en la que demasiadas naciones han reprobado”, critica.
 
Esta aceleró la disrupción global en lo tecnológico, social, ambiental, económico y político, llevando la revolución 4.0 a un nuevo nivel y añadiendo urgencia a una serie de temas aún no resueltos, como la creciente brecha económica y social, donde la riqueza total crece, pero su distribución va mayoritariamente a un grupo afluente sin mejorar e incluso empeorando la situación de la mayoría. En EEUU, por ejemplo, el GDP per cápita creció 250% entre 1960 y 2019 mientras el ingreso medio familiar sólo lo hizo un 150%, es decir, la familia media no recibió todo el beneficio y su movilidad fue hacia abajo, mientras que la situación de la clase media alta mejoró significativamente. Este crecimiento con inequidad a nivel global se visualiza como algo moral y políticamente insostenible, poniendo presión al sistema político y empresarial para proponer y generar cambios estructurales que se hagan cargo de generar un crecimiento con mayor equidad.
 
En Chile sumamos además temas complejos propios, incluyendo la irrupción tecnológica en el mercado del trabajo, la educación y salud de calidad, las pensiones y el salario mínimo digno, así como el rol y la efectividad del estado, todos temas adaptativos urgentes de abordar para construir un futuro más próspero y justo. Junto a otras necesidades, requieren que como sociedad, y en particular como empresas, seamos creativos para generar propuestas e implementar soluciones de manera oportuna con el bien común al centro. De lo contrario, seguirá creciendo este caldo de cultivo para el populismo, los liderazgos mesiánicos y la erosión de la democracia, como hemos visto en el país en el último tiempo.
 
En esta nueva era del conocimiento, complejidad, incertidumbre y volatilidad, los liderazgos jerárquicos tradicionales, cartesianos y de certezas, parecen cada vez menos efectivos. Líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil son puestos a prueba por este cambio acelerado, que requiere colaboración, horizontalidad, empatía y generosidad, así como también la capacidad de reflexionar de manera profunda, con mirada crítica y generosa, desafiando paradigmas y buscando colaborar de manera creativa.
 
La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen. En este contexto y aprovechando este momento histórico, ¿cómo nos unimos Estado, empresarios y sociedad civil para dialogar y construir en base a un propósito común un Chile mejor para todos? ¿Cuál es ese Chile que nos une? ¿Cómo asegurar el éxito del proceso constituyente, un paso que no podemos dejar escapar? ¿Cuál es el rol y aporte de la empresa y los gremios en este contexto? ¿Cuál es tu aporte como líder ahora?

Según Yuval Harari, el Covid-19 podría ser mucho más transformador que pandemias anteriores, teniendo un impacto cultural y político mayor. Señala que los científicos fueron capaces de identificar el virus y desarrollar vacunas rápidamente, y que su salida de control ha sido más bien por una falla política. “La pandemia ha sido una prueba para los sistemas políticos en la que demasiadas naciones han reprobado”, critica.
 
Esta aceleró la disrupción global en lo tecnológico, social, ambiental, económico y político, llevando la revolución 4.0 a un nuevo nivel y añadiendo urgencia a una serie de temas aún no resueltos, como la creciente brecha económica y social, donde la riqueza total crece, pero su distribución va mayoritariamente a un grupo afluente sin mejorar e incluso empeorando la situación de la mayoría. En EEUU, por ejemplo, el GDP per cápita creció 250% entre 1960 y 2019 mientras el ingreso medio familiar sólo lo hizo un 150%, es decir, la familia media no recibió todo el beneficio y su movilidad fue hacia abajo, mientras que la situación de la clase media alta mejoró significativamente. Este crecimiento con inequidad a nivel global se visualiza como algo moral y políticamente insostenible, poniendo presión al sistema político y empresarial para proponer y generar cambios estructurales que se hagan cargo de generar un crecimiento con mayor equidad.
 
En Chile sumamos además temas complejos propios, incluyendo la irrupción tecnológica en el mercado del trabajo, la educación y salud de calidad, las pensiones y el salario mínimo digno, así como el rol y la efectividad del estado, todos temas adaptativos urgentes de abordar para construir un futuro más próspero y justo. Junto a otras necesidades, requieren que como sociedad, y en particular como empresas, seamos creativos para generar propuestas e implementar soluciones de manera oportuna con el bien común al centro. De lo contrario, seguirá creciendo este caldo de cultivo para el populismo, los liderazgos mesiánicos y la erosión de la democracia, como hemos visto en el país en el último tiempo.
 
En esta nueva era del conocimiento, complejidad, incertidumbre y volatilidad, los liderazgos jerárquicos tradicionales, cartesianos y de certezas, parecen cada vez menos efectivos. Líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil son puestos a prueba por este cambio acelerado, que requiere colaboración, horizontalidad, empatía y generosidad, así como también la capacidad de reflexionar de manera profunda, con mirada crítica y generosa, desafiando paradigmas y buscando colaborar de manera creativa.
 
La clave del éxito no es solo una “buena” solución técnica, sino también el proceso que la hace legítima y los liderazgos inclusivos y colaborativos que la co-construyen. En este contexto y aprovechando este momento histórico, ¿cómo nos unimos Estado, empresarios y sociedad civil para dialogar y construir en base a un propósito común un Chile mejor para todos? ¿Cuál es ese Chile que nos une? ¿Cómo asegurar el éxito del proceso constituyente, un paso que no podemos dejar escapar? ¿Cuál es el rol y aporte de la empresa y los gremios en este contexto? ¿Cuál es tu aporte como líder ahora?

Según Yuval Harari, el Covid-19 podría ser mucho más transformador que pandemias anteriores, teniendo un impacto cultural y político mayor. Señala que los científicos fueron capaces de identificar el virus y desarrollar vacunas rápidamente, y que su salida de control ha sido más bien por una falla política. “La pandemia ha sido una prueba para los sistemas políticos en la que demasiadas naciones han reprobado”, critica.
 
Esta aceleró la disrupción global en lo tecnológico, social, ambiental, económico y político, llevando la revolución 4.0 a un nuevo nivel y añadiendo urgencia a una serie de temas aún no resueltos, como la creciente brecha económica y social, donde la riqueza total crece, pero su distribución va mayoritariamente a un grupo afluente sin mejorar e incluso empeorando la situación de la mayoría. En EEUU, por ejemplo, el GDP per cápita creció 250% entre 1960 y 2019 mientras el ingreso medio familiar sólo lo hizo un 150%, es decir, la familia media no recibió todo el beneficio y su movilidad fue hacia abajo, mientras que la situación de la clase media alta mejoró significativamente. Este crecimiento con inequidad a nivel global se visualiza como algo moral y políticamente insostenible, poniendo presión al sistema político y empresarial para proponer y generar cambios estructurales que se hagan cargo de generar un crecimiento con mayor equidad.
 
En Chile sumamos además temas complejos propios, incluyendo la irrupción tecnológica en el mercado del trabajo, la educación y salud de calidad, las pensiones y el salario mínimo digno, así como el rol y la efectividad del estado, todos temas adaptativos urgentes de abordar para construir un futuro más próspero y justo. Junto a otras necesidades, requieren que como sociedad, y en particular como empresas, seamos creativos para generar propuestas e implementar soluciones de manera oportuna con el bien común al centro. De lo contrario, seguirá creciendo este caldo de cultivo para el populismo, los liderazgos mesiánicos y la erosión de la democracia, como hemos visto en el país en el último tiempo.
 
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